Servicio · Marca completa
Es el proceso más profundo del estudio: el método DÍVERA aplicado de principio a fin. Primero se decide qué es la marca y qué quiere decir. Después se convierte en algo que se ve, se reconoce y se puede usar sin nosotros.
El problema
El encargo suele venir así: «necesito un logo», «hay que actualizar la imagen», «no me represento en mis redes». Son síntomas, y los tres apuntan al mismo sitio: nadie ha decidido todavía qué es esta marca y en qué se diferencia de la de al lado.
Cuando se diseña sin esa decisión tomada, el resultado se defiende con gusto personal. «Me gusta más el azul» contra «a mí el verde» es una conversación que no tiene final, y es la razón por la que un proyecto de marca se alarga tres meses de más.
Con la estrategia escrita antes, el diseño deja de ser una cuestión de gustos y pasa a ser una cuestión de coherencia: cada decisión visual se puede explicar, y por eso se puede aprobar. Eso es lo que hace que el proceso avance.
Cómo trabajamos
El método DÍVERA no es un nombre bonito para el proceso de siempre. Es el orden en el que se toman las decisiones, y ese orden es lo que evita rehacer el trabajo dos veces.
Cuestionario, reunión inicial y análisis de lo que ya existe: qué comunica hoy la marca, qué se entiende, qué se contradice y qué está haciendo la competencia. Antes de proponer, mirar.
Aquí aparece el patrón: la idea que ordena todo lo demás. No se inventa, se encuentra —casi siempre estaba ya en cómo habla el cliente de su propio negocio.
Posicionamiento, mensajes clave, tono de voz y territorio visual. La estrategia se escribe y se aprueba antes de abrir el programa de diseño.
Logotipo y versiones, color, tipografía, sistema gráfico y aplicaciones. Todo sale de lo decidido en la fase anterior, así que todo se puede justificar.
Qué incluye
Termina cuando puedes trabajar sin nosotros: con cualquier imprenta, cualquier proveedor y cualquier persona que entre nueva en tu equipo. Esto es lo que se entrega:
Posicionamiento, propuesta de valor, público, mensajes clave, tono de voz y diferenciación. Documentado, no comentado de palabra en una reunión.
La guía de uso de la marca, con construcción del logotipo, áreas de respeto, tamaños mínimos, usos correctos e incorrectos y ejemplos aplicados.
Qué se puede y qué no se puede hacer con la marca. Límites, proporciones y jerarquías, con casos reales de lo correcto y de lo incorrecto.
Principal, secundario, isotipo y monograma. Horizontal y vertical, positivo y negativo, a color, en monocromo y sobre fondos claros y oscuros.
SVG vectorial para cualquier tamaño, PNG con fondo transparente para el día a día y los originales abiertos, cada versión en su carpeta.
Cada tono con su código en HEX, RGB, CMYK y Pantone cuando hace falta, con su jerarquía y sus proporciones de uso: el mismo color en pantalla y en imprenta.
Familias, pesos, licencias y alternativas de sustitución. Escala tipográfica y reglas de combinación para titulares, cuerpo y datos.
Publicaciones y stories editables, con el sistema ya montado: para producir contenido cada semana sin volver a diseñar desde cero.
El documento comercial y las presentaciones internas con la marca aplicada, para que lo que sale del estudio del cliente no se salga del sistema.
Cuando el proyecto lo pide: papelería, cartelería, packaging y merchandising con troqueles, márgenes, sangres y color preparado para producción.
Las reuniones que hagan falta para presentar, decidir, revisar y cerrar cada fase. Muchas horas de trabajo conjunto: nada se entrega por correo y a correr.
Después de la entrega seguimos disponibles para las dudas de aplicación, que es cuando aparecen de verdad: el primer cartel, el primer proveedor, la primera campaña.
El alcance exacto se cierra contigo en la propuesta: no todos los proyectos necesitan packaging, ni señalética, ni web. Lo que no cambia es el orden de las fases.
Dónde se ve
Perfumería, joyería, turismo, consultoría, fotografía, hospitality. Distinto sector, mismo método: decidir primero y dar forma después.
Preguntas
Se puede, pero no es lo que recomendamos ni lo que mejor funciona. Un logotipo sin estrategia detrás se aprueba por gusto y se queda obsoleto en cuanto la marca crece. Si el presupuesto manda, tiene más sentido empezar por una asesoría y ordenar las decisiones, y dejar el diseño para cuando haya dirección.
Una, defendida. No trabajamos con tres opciones para que el cliente elija, porque eso convierte la entrega en una votación. Se presenta la propuesta que responde a la estrategia aprobada, con su razonamiento, y a partir de ahí se ajusta contigo.
Entonces el proyecto es un rebranding y la fase de mirar cambia: se analiza qué funciona de lo que ya existe y qué conviene conservar, porque tirar el reconocimiento acumulado suele ser un error caro. Avenjúcar y Snaps son dos ejemplos.
Sí. La mitad de los proyectos se llevan en remoto con videollamada, y varios de los publicados son de fuera —Barcelona, Valencia, Río de Janeiro—. Si estás en Madrid, las sesiones pueden ser presenciales.
Tú. Se entregan los originales abiertos y todas las versiones, y puedes trabajar con cualquier otro proveedor a partir de ahí. Esa es toda la idea de entregar un manual.